ARQUEOLOGÍA POPULAR: Todo lo que sucede sucederá hoy: Brian Eno

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Carlos Becerril Torres

Una de las personalidades que siempre habrá de tomarse en cuenta, desde finales del siglo pasado hasta principios del presente milenio, es la presencia de Brian Eno en la cultura musical contemporánea.

Es difícil pasar la mano por la colección de discos y grabaciones sin toparse con alguna grabación producida por Eno o en su caso una obra del propio compositor.

La presencia de Eno comienza a ser más perceptible al tomar forma en aquel disco de 1972 a cargo de una banda denominada Roxy Music. Su crédito en la conformación de la banda lidereada por Brian Ferry es estar a cargo de los sintetizadores y las cintas, al lado de la dotación tradicional de un grupo de rock compuesta de guitarra, bajo, piano, batería y en el caso de Roxy Music oboe y saxofón.

Aparte de la extrema visibilidad con la que se hace notar la presencia del grupo por el diseño de sus vestuarios, Brian Eno destaca además por su contribución al aura sonora del álbum.

El concepto visual de Roxy Music estaba diseñado con la finalidad de desorientar al enemigo con una portada kitsch plena de colores pastel encaminados a distraer o atraer la curiosidad del posible interesado en una suerte de parodia contra-kitsch.

Por si alguien tiene el disco a la mano habrá de percatarse que éste inicia con una aura a la Sgt. Pepper’s. Después de eso queda en libertad la vena rockera del grupo acomodándose a los sonidos sintéticos aportados por Brian Eno dándole al álbum una desconocida potencia innovadora e impensable hasta ese momento.

Con todo y ese éxito, Brian Eno, en alguna de las múltiples entrevistas a las que ha sido sometido durante toda su carrera, señala que supo cuando alcanzó su punto de saturación en Roxy Music al estar, en un concierto, más preocupado por mandar su ropa a la lavandería.

Después de Roxy Music el genio de Eno se expande por diversos senderos e intereses artísticos y acústicos. Uno de ellos es el de experimentar con el sintetizador y la grabadora, obtener ciertos sonidos, grabarlos y utilizarlos posteriormente. Parte de ese sistema de búsqueda de nuevas sonoridades y maneras novedosas de poner en práctica sus ideas confluyen en sus primeros dos álbumes en calidad de solista: Here Come The Warm Jets de 1973 y Taking Tower Mountain (by Strategy) de 1974.

El indudable talento de Brian Eno, como en todos los casos, posee dos vertientes esenciales. Una, cierta tradición familiar, y la otra, haber tenido la oportunidad de encontrar un lugar donde poder darle rienda suelta a su ingenio, curiosidad e interés artístico. Eso lo encontró en la escuela inglesa de arte, centro de enseñanza en donde lo importante no es el producto terminado sino el proceso. De ese sistema de enseñanza egresaron algunos de los principales líderes del rock del siglo pasado del tipo David Bowie, Eric Clapton, Ray Davies, Brian Ferry, John Lennon, Keith Richards y Pete Townshend. Es de señalarse que en ese método de educación artística la enseñanza musical tradicional está completamente fuera de la malla académica. Y por el contrario las ideas que tuvieron una notable presencia son las provenientes del pensamiento de John Cage.

Con esas vivencias a cuestas, el haber tenido la oportunidad de conocer el pensamiento de John Cage, la música de otros compositores como Philip Glass y Steve Reich, la cercanía con David Bowie y la necesidad de trazar un camino propio, de cierta manera anunciado con sus dos primeras producciones, da a conocer en 1975 Another Green World. En el que manifiesta el total dominio de sus futuras incursiones en el terreno de la producción fonográfica. A partir de aquí es casi imposible seguir la trayectoria creativa de Brian Eno.

Sus aportes pueden dividirse entre compositor, artista, empresario y productor fonográfico, teórico del sonido. En esa miríada de actividades creo, expuso y le dio forma al concepto de “música de ambiente”. Sonidos flotantes en los límites de la percepción del escucha.

Es un pensador influyente y a la vez comparte sus ideas e incertidumbres en la creación sonora con otros talentosos compositores de gran impacto como lo son David Byrne, John Cale, Phil Collins, Peter Gabriel, Robert Fripp, Gavin Bryars y Michael Nyman.

En ese cruce de caminos e ideas ha creado un nuevo sendero diferente de componer y apreciar la música. Edgar Varése había propuesto a principios del siglo pasado un “arte del ruido” y sobre esa concepción definió a la música como la manera de organizar el sonido. John Cage retoma esos conceptos y señala que el ruido no existe es simplemente música que no se ha sabido aprovechar. Brian Eno hace suyos esos pensamientos y se describe a sí mismo como un paisajista del sonido, un creador de paisajes sonoros. Dejando por sentado, a partir de 1975 su calidad profesional de ser un No-músico. Desde ese momento La guitarra eléctrica es parte del viejo mundo, el nuevo mundo son el sintetizador y la música electrónica.

En todo el proceso de creación de Brian Eno un papel muy importante lo tiene el método de las Estrategias Oblicuas. Un juego de tarjetas con diversos enunciados o aforismos encaminados a salir y saltarse los atolladeros y obstáculos que ocurren al estar en ciertas situaciones de creación artística.

Contiene apreciaciones como Honra tu error como una intención escondida. Eno da una explicación del surgimiento y utilización de las tarjetas señalando que “nacieron de situaciones de trabajo en las que el pánico —particularmente en los estudios—te conducía a olvidar que hay otras maneras de trabajar y maneras tangenciales de enfrentar los problemas que en muchos sentidos eran más interesantes a un acercamiento directo al problema. La función de las Estrategias Oblicuas era, inicialmente, servir como una serie de indicaciones que señalaban “No olvides que puedes adoptar “esta” actitud o “No olvides que puedes tomar “aquella” actitud.”

Otra de sus estelas es dedicar su talento a la producción y a partir de ahí el nombre de Brian Eno queda indisolublemente asociado a la calidad musical de producciones consideradas clásicas y básicas en la conformación de la cultura musical de fines del siglo y principios del milenio. La trilogía de Talking Heads: More Songs About Buildings and Food, Fear Of Music y Remain  In Light de finales de la década de los años 70 lleva la huella genética de Brian Eno, sin dejar de lado las contribuciones de los otros miembros de la banda y por supuesto de David Byrne. Con U2 crea Joshua Tree y Achtun Baby  al lado de otras tres importantes producciones con la misma banda The Unforgetable Fire, Wider Awake in America, Zooropa. En ambas colaboraciones queda exhibida la química y como la composición de diferentes talentos e intereses musicales son parte fundamental de la mezcla sonora.

El talento de Brian Eno y sus contribuciones son difíciles de encasillar. Su pensamiento es multidisciplinario engloba aspectos de ingeniería, biología, física, psicología, matemáticas y muchas otras ramas científicas, todas ellas convergiendo en el arte sonoro. En el estudio de grabación es imposible apartarse de la fuerza gravitacional de Eno. Sus aportes son parte del léxico y gramática musical del lenguaje sonoro del momento presente.

Puede haber dos caminos para reconocer y reubicar su trayectoria. El primero, sus memorias: A Year with Swollen Appendices y la biografía escrita por David Sheppard: On Some Faraway Beach: The Life and Times of Brian Eno. El segundo es hacer caso omiso de las lecturas y hacer un apartado de los discos donde está presente Brian Eno, escucharlos en serie, o en paralelo, y establecer la línea evolutiva de sus contribuciones o dejarse llevar por las mismas  en un momento en el que todo es continuo o autoregulable.

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