ANÁLISIS A FONDO: Corrupción, corromper o corromperse

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Francisco Gómez Maza

No se acusa de corrupción por todo, presidente, sólo se acusa a los corruptos
La corrupción es parte de los abusos y costumbres de la clase política

 

Corromper es alterar, echar a perder, pudrir, viciar, pervertir, sobornar, cohechar. Corromper a la niñez, corromper a la juventud, corromper la acción de gobernar, acabar con lo ético, usar para fines muy personales un medio de transporte oficial, como un avión o un helicóptero, abusar,
adueñarse de los bienes públicos, emplear el Erario para beneficio personal o familiar, comprar en tiendas de lujo de Nueva York, París o Londres con dinero público entre otros actos dia-bólicos.
Hay, pues muchas formas de corrupción. Y todo lo que huele a corrupción es corrupción, como los socavones, como el de Cuernavaca, que se hizo y que mató a dos personas porque la construcción de la carretera estaba echada a perder y por la que el gobierno de México, a través de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, pagó más de lo convenido a empresas, alguna de ellas castigada por incumplidas, o apropiarse de los recursos públicos como tierras, casas, vehículos, entre otros para enriquecimiento personal.
No a todo, pues, el pueblo califica de corrupción. Solamente el latrocinio que práctica la clase política. e inclusive algunos miembros de la clase empresarial, o de las grandes religiones y de las organizaciones sectarias. Inclusive la “mordida” que solicita el policía de la esquina cae en el terreno de la corrupción, dar un cochupo para obtener una licencia de contrucción o de manejo de vehículos automotores. Todo lo que se haga fuera de la ley es corrupción. Grave corrupción es plagiar una tesis de grado o ya no digamos de posgrado.
Y este país llamado México es el reino de esa corrupción que altera, que echa a perder, que pudre, que vicia, que pervierte, que soborna, que cohecha, que acaba con la ética. Que compra votos, dignidades, para ganar una elección presidencial, estatal o municipal. Eso es una gran corrupción. Repartir monederos de Monex o de Soriana a los votantes para que voten por el candidato eso no tiene nombre. Es comprar dignidades, es matar la honra de las personas, es robarse el poder para aviesas intenciones.
No es pues una moda hablar de corrupción, presidente. Si la gente acusa de corrupción a la clase política, y a usted principalmente, es porque no está ciega, ve lo que la clase política hace con los bienes públicos, ve cómo llegan al poder como una mano atrás y otra adelante y salen hinchados de dinero, que no se compagina con el monto de sus salarios o sueldos. Un presidente que gana, digamos 150 mil pesos al mes, es imposible que pueda comprarse una propiedad de 86 millones. Ni tan siquiera una que cuesta 7 millones de pesos. Esto es la corrupción presidente, Actuar con deshonestidad. Decir que se va a trabajar cuando se aborda un helicóptero oficial para ir al campo de golf.
Y lo peor de todo, lo que no tiene perdón de dios es corromper a la juventud, corromper a la niñez, desde la casa paterna. No le digas a tu madre que me viste con esa mujer. Te voy a dar una buena lana. No le digas a tu papá que me encontraste acostada con otro hombre. Voy a premiar tu silencio.
La palabra corrupción dentro de un enfoque social y legal, advierten los que saben, se encuentra definida como la acción humana que transgrede las normas legales y los principios éticos. La corrupción puede darse en cualquier contexto, en este caso en el sentido administrativo y político.
En un sentido más analítico se puede decir que la corrupción significa el incumplimiento, de manera intencionada, del principio de imparcialidad, con la finalidad de extraer de este tipo de conducta un beneficio personal, o para personas relacionadas. Cuando se dice incumplir el principio de imparcialidad, se hace referencia en el sentido de que exige que las relaciones personales no deberían influir en las decisiones económicas que involucren a más de una parte. Por ejemplo, una empresa necesita de un proveedor de papelería, por lo que varias empresas licitan para quedarse con el puesto. Sin embargo, el encargado de la selección es pariente de uno de los aspirantes, por lo que la licitación la ganará el familiar.
La corrupción tanto administrativa como política se refiere a los delitos que se cometen en el ejercicio de un cargo público, para conseguir una ventaja ilegítima, acto que se comete de manera secreta y privada. Las formas de corrupción son muy variadas, algunas de ellas son:
El soborno es el más repetitivo de los delitos contra la administración pública, y que va desde la entrega de una módica suma a un oficial de seguridad, para evitar una multa, hasta el ofrecimiento de grandes cantidades de dinero para la evasión de los impuestos.
El tráfico de influencias. que se da cuando un funcionario utiliza sus influencias para conseguir, a favor de alguien allegado (un familiar por ejemplo), una actividad que involucre una posición o un trabajo de beneficio.
El peculado, que ocurre cuando un sujeto se enriquece de forma ilegal en perjuicio del Estado. El uso en provecho de los bienes públicos, el uso de materiales y equipos distintas al objeto de su compra; representan actos constitutivos de peculado.
Las causas que originan este tipo de actos de corrupción pueden ser internas o externas. Entre las causas internas se encuentran: falta de conciencia social, carencia de educación o de una cultura de compromiso, paradigmas negativos y distorsionados.
Como elementos externos de la corrupción se encuentran: impunidad, salarios bajos, concentración de poderes, corporativismo partidista.
En el ámbito político, la corrupción genera un impacto negativo al producir y consolidar la desigualdad social, y protege las redes de complicidad entre las elites políticas y económicas. A nivel económico la corrupción influye en el crecimiento de los costos de los bienes y servicios, fomenta la aprobación de proyectos basados en el valor del capital involucrado en los mismos, más que en la mano de obra (lo que es más lucrativo para el que incurre en el delito).
Así que no nos hagamos bolas, presidente. Ni minimicemos al grado de decir que la corrupción es un asunto cultural. Nada de esto es cierto. Decirlo así también es corrupción.
analisisafondo@gmail.com

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