ANÁLISIS A FONDO: 2017 como 1984, el terror

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Francisco Gómez Maza

 

 

  • Del Gran Hermano al enterrador
  • Orwell para leer a Donald Trump

 

Repasaba a media mañana de este martes 31 de enero  (Se acabó enero, caramba; cuan veloz de va la vida y nosotros desperdiciándola, gastándola entre corrupciones e impunidades) una interesantísima reflexión, escrita por el periodista e intelectual español Jorge Carrión para el New York Times, en torno a la amarga revelación de que los fundamentalistas nazis estadounidenses, que representan una gran mayoría de hombres y mujeres de todas las razas, defensora del racismo y la dictadura del odio y la muerte, se encarnó, hace 12 días (el 20 de enero) en la presencia diabólica de un negociador – terminator – de los más aberrantes antivalores de la cultura de quienes ponen In God we trust.

Pero pongámonos en contexto para aceptar que, como lo dice el colega español, el enemigo número uno de Donald J. Trump, investido como presidente de un imperio – Estados Unidos de América – que está a punto de desaparecer de la faz de la tierra, como desaparecieron todos los demás imperios de la historia (la teoría del fin de los imperios comprobadísima) no son ni los mexicanos, ni los musulmanes, ni el libre comercio, ni la globalización, ni los del partido demócrata, ni Barack Obama, ni Hillary Clinton, ni los políticos mexicanos corruptos (quizá él sea tan corrupto o más que los políticos),

No. Su enemigo number one es un periodista (Trump odia con todas las fuerzas de su hígado a los periodistas, sobre todo a los de su país). Ese periodista se llama George Orwell, el inglés que lo descubrió, al denunciar, en 1949, año en el que publicó 1984, con todo lujo de literatura, buena, excelsa literatura, el totalitarismo estalinista. Que no hay mucha diferencia entre el padrecito, el cabo austriaco que dicen que exterminó a seis millones, y un anciano frustrado, lleno de odio hacia sí mismo, como Donald Trump, pero que todavía le da álito de agonía al imperio..

Orwell desnuda en su obra, principalmente Rebelión en la granja (1945) y 1984 (1949), el entonces nuevo tipo de sociedad controlada totalitariamente por métodos burocráticos y políticos. En la primera, parodió el modelo del socialismo soviético: los personajes son animales de una granja que se rebelan contra sus dueños, los hombres, aunque luego crean una estructura social peor que la de sus antiguos dueños: Lenin, Stalin, Trotski y otras figuras de la escena política son representados por dichos animales.

La segunda lleva como título el año en que se ubica la acción: 1984. En ella Orwell imaginó una ficción tan pesadillesca como en la anterior: un mundo regido por grandes potencias, Eurasia, Oceanía y Asia del Este. El personaje protagónico, Winston Smith, es un funcionario del “Ministerio de la Verdad”, entidad encargada de controlar la información; y todo y todos dominados por “El Gran Hermano” (sucedáneo del Máximo Líder político), “jefe de la Hermandad” (representante del Partido en la política real), en un Estado totalitario moderno, donde la mirada policial lo penetra todo, incluso la intimidad.

Carrión Gálvez, vinculado por la crítica con el movimiento Afterpop, motiva a seguir descubriendo al Orwell profético, visionario, descubridor de un futuro horrorosamente feo para la humanidad, como el que nos está alcanzando con las “órdenes ejecutivas” del @realdonaldtrump en el fenómeno humano del poder, la corrupción y la impunidad, al servicio de los más aberrantes antivalores de un imperio en la más completa decadencia, guiado hacia el despeñadero por un negociante que ha hecho fortuna gracias a su misoginia, alimentada por los concursos de belleza, auténticos mercados persas de la antigüedad, o aquellos mercados de esclavos y esclavas de un no muy remoto pasado, porque hoy en día todavía se estilan aunque usted no lo crea..

Es tal su misoginia que organiza multimillonarias presentaciones de mujeres jóvenes, de cuerpo atractivo por muy bien formado, en el mundo, como el que acaba de realizarse en Manila.

Más Orwell y menos Trump, sugiere Carrión Gálvez para leer al Pato Donald. Me trajo a la memoria esa obra reveladora, aunque olvidada por las nuevas generaciones de intelectuales y luchadores por la justicia, de la literatura política de los años 70, escrita por el argentino chileno, Ariel Dorfman, y el belga Armand Mattelart.

En fin. Le sugiero, amigo lector, que se dé un clavado por una de esas librerías que hay en su ciudad y adquiera 1984. La novela le divertirá, pero también le ayudará a entender al Pato. Y qué representa para la sociedad mundial. No sólo para la que medio vive en el hemisferio occidental.

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